Mi adorado curso
Mi nombre es Aimee, me encuentro sentada
como siempre entre las cuatro paredes de un lugar que aborrezco pero a la vez
adoro que es como una rebanada de bizcocho de chocolate pero también es como
una probada de hiel, si, mi maravilloso curso lleno de sorpresas tan
impactantes como un beso inesperado y de cosas tan deprimentes como un setenta
en literatura, así es mi curso compuesto de idiotas que leen a Coelho, increíbles escritoras, locas risueñas,
niñas de mal cantar, músicos, comelonas, payasos, mellas, conflictivos,
fiesteros, bebedores, estilistas y
Minyetty, si ella es un caso aparte.
En
este curso se escucha de todo incluso de remedios con té de jengibre, asesinatos y mil cosas más allí
me pongo a reflexionar que muchos menospreciamos nuestra estancia en el
bachillerato sin embargo, cuando crecemos y nos alejamos de esta realidad
añoramos aquellos momentos en los que compartimos con nuestros compañeros, que
a veces nos conocían más que un hermano, estas
personas con las que convivíamos ocho oras, pasan a ocupar un lugar
importante en nuestras vidas y ganan un pedazo en nuestro corazón , de tal
manera llegan a ser irremplazables.
Un día el papa de María fue a hablar con
los maestros, y sus mejores amigas se
preocuparon al instante por ello más adelante todo el curso estaba inquieto porque desconocíamos el motivo de su visita
sin embargo, todo fue una falsa alarma solo vino a retirar sus notas con algo
de retraso.
Al momento de hablar de maestros, esas
personas que ‘‘amamos’’, sabemos que hay una escala de buenos a malos pero
también, existen los que son unos pendejos y los que hacen temblar el infierno tan
solo con mencionar su nombre, de alguna manera terminamos despreciando a los
que son más flojos y amando a aquellos que nos hicieron desvelar noches enteras
porque, al momento de implementar lo que aprendimos en la vida diaria las
enseñanzas que utilizamos son las que implantaron los de un temperamento y exigencias
férreas.
No obstante es bien
dicho que los estudiantes, en su gran mayoría, somos
mal agradecidos porque a los maestros
que en verdad nos quieren ayudar para que seamos personas de bien son
los primeros que maldecimos y
aborrecemos, tengo por seguro que pocos son los estudiantes que reflexionan en
esto, muchos lo aprecian cuando son universitarios o personas adultas que
tienen que hacerle frente a la vida
Puedo sostener sin temor a equivocarme
que dentro de estas cuatro paredes es
que se define la mayor parte de nuestra personalidad y pienso que este tiempo
es el que debemos aprovechar al máximo.
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