miércoles, 19 de marzo de 2014

cuento 2

Mi adorado curso




Mi nombre es Aimee, me encuentro sentada como siempre entre las cuatro paredes de un lugar que aborrezco pero a la vez adoro que es como una rebanada de bizcocho de chocolate pero también es como una probada de hiel, si, mi maravilloso curso lleno de sorpresas tan impactantes como un beso inesperado y de cosas tan deprimentes como un setenta en literatura, así es mi curso compuesto de idiotas que leen a  Coelho, increíbles escritoras, locas risueñas, niñas de mal cantar, músicos, comelonas, payasos, mellas, conflictivos, fiesteros, bebedores, estilistas  y Minyetty, si ella es un caso aparte.
            En este curso se escucha de todo incluso de remedios con té  de jengibre, asesinatos y mil cosas más allí me pongo a reflexionar que muchos menospreciamos nuestra estancia en el bachillerato sin embargo, cuando crecemos y nos alejamos de esta realidad añoramos aquellos momentos en los que compartimos con nuestros compañeros, que a veces nos conocían más que un hermano, estas  personas con las que convivíamos ocho oras, pasan a ocupar un lugar importante en nuestras vidas y ganan un pedazo en nuestro corazón , de tal manera llegan a ser irremplazables.
             
Un día el papa de María fue a hablar con los maestros, y  sus mejores amigas se preocuparon al instante por ello más adelante todo el curso estaba inquieto  porque desconocíamos el motivo de su visita sin embargo, todo fue una falsa alarma solo vino a retirar sus notas con algo de retraso.
 Al momento de hablar de maestros, esas personas que ‘‘amamos’’, sabemos que hay una escala de buenos a malos pero también, existen los que son unos pendejos y los que hacen temblar el infierno tan solo con mencionar su nombre, de alguna manera terminamos despreciando a los que son más flojos y amando a aquellos que nos hicieron desvelar noches enteras porque, al momento de implementar lo que aprendimos en la vida diaria las enseñanzas que utilizamos son las que implantaron los de un temperamento  y exigencias  férreas.
No obstante  es bien  dicho  que  los estudiantes, en su gran mayoría, somos mal agradecidos porque a los maestros  que en verdad nos quieren ayudar para que seamos personas de bien son los primeros  que maldecimos y aborrecemos, tengo por seguro que pocos son los estudiantes que reflexionan en esto, muchos lo aprecian cuando son universitarios o personas adultas que tienen que hacerle frente a la vida

Puedo sostener sin temor a equivocarme que dentro de estas  cuatro paredes es que se define la mayor parte de nuestra personalidad y pienso que este tiempo es el que debemos aprovechar al máximo.

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